Génova se extiende entre el puerto y las laderas, con callejones medievales y barrios costeros muy distintos entre sí. Para elegir hotel, conviene mirar las cuestas y la estación de llegada.
Los caruggi del casco antiguo unen la catedral de San Lorenzo, el Palazzo Ducale y Via Garibaldi con el Porto Antico. Se recorre a pie, aunque algunos callejones son estrechos y la dirección concreta influye en el ruido y la comodidad de una maleta.
El Acuario y el museo marítimo Galata quedan junto al muelle antiguo. Principe resulta práctico para trenes, ferris y transporte desde el aeropuerto; Brignole y Via XX Settembre acercan las tiendas y las conexiones hacia el este.
Corso Italia termina en la pequeña playa de Boccadasse. Más lejos, Nervi tiene parques y un paseo sobre el mar. Dormir en estos barrios permite empezar el día junto a la costa, a cambio de viajar al centro para visitar los palacios y museos.
La primavera y septiembre invitan a caminar; julio suele ser el mes más seco. En octubre y noviembre aumenta la lluvia. Ascensores, funiculares y metro ayudan a salvar el desnivel entre el puerto y las calles altas.